ni el tiempo de tener una primera impresión que me encuentro rezando con la cabeza al suelo,
toco túnicas doradas de futuros lamas que reclaman interioridad.
Tóxicos, alcohólicos, un portero borracho..la gente de siempre,
a la nariz me llega un olor diferente, el olor a su tierra
solo, empiezo a romper, a reconstruir, desarrollar lo en-desarrollable.
Toco la lluvia para librarme de las cadenas incesantes,
dejo caerme encima el diluvio universal para limpiarme,
y nada que hacer, me encuentro con el pelo lleno de arroz duro como piedra.
En el centro de corazón arqueológico vuelvo a revivir las viejas leyes con sus templos y ruinas. Los primeros reyes me enseñan como veneran sus divinidades más queridas.
Cojo la bici para saludar los niños que me devuelven sonrisas
me saludan con la mano desde sus casitas, gritan, bromean, lloran.
Los pescados se ríen saltando alegres desde mi mochila,
paisajes playeros abren a paraísos celestiales.
Quedo pasmado delante unas rocas enormes en forma fálica que salen como setas, forman islas, montañas.
He visto arboles tropicales, he probado algunos de ellos, he comido y bebido platos y alimentos locales, me he alimentado de sol y ojos penetrantes.
La sensación que se tiene es enriquecedora, la necesitaba, la exhortaba.
Gelados todo el año, así como sus colores que se reflejan en los rostros de la gente y las decoraciones de las calles.
Mercados de noche, el día como la noche y la noche como el día, aquí nunca se duerme,
aquí no hay miedo porque no hay motivaciones para tenerlo, tampoco en ver pequeños dinosaurios que en vez de asustarte te besan llevándote en un viaje astral como en un dibujo animado.
Mano en la mano dos amigas cruzan la calle saliendo de escuela y es esa la imagen que grabo en mis recuerdos, la imagen de una tierra increíblemente preciosa..
17/02/2015
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