Hierve la gana de sobrevolar esta exigencia que huele a podrido, se cae el higo de su árbol, se abre y muestra su fruto rojo como las ventosas de tus piernas, sensuales como la uña de tu pié sucio, ensordecedor como cuando pones una pierna encima de otra y enseñas la obra maestral como en un ritual garifuna.
Fría como el hielo del polo-norte te descongelas a temperaturas bajas, bajo la sombra de un cerezo plantado en el 1953 en la tierra campesina de una aldea derrumbada por mi escribir a los pies de una montaña medio quemada por un pirómano viciado por mero placer....
Sentado sobre raíces húmedas noto el perplejo de Flora la vidente, y mientras veo ella romper sus cartas yo rompo una raíz remolino de mi mismo y la llevo al calabozo donde huelo a sexo de tu madre que aquí te parió en solitaria entre el olor a gatos en calor y el señor de al lado gritando por la calle los sabores de sus helados, aquí estabas encerrada en el día de la verdad.
Todo, cada mínima circunstancia, cada movimiento o mirada lo desvelan hasta desnudarte y mientras yo yazco en el mismo sistemático trance donde no consigo superarme, inerme en una noche de super eclipse lunar, sigo mirando la mano pintoresca del querubín que sigue a mi lado y en el exacto momento cuyo me ofrece su pincel...abro los ojos del sueño y vuelvo a desaparecer libre junto a la desilusión de un deseo desesperado y vacío.
30/08/2015