🌞Portugal, viernes primero de julio 2022.
Levanto la mirada hacia el cielo estrellado, primer día de luna creciente....empieza a crecer bajo el ritmo de sonoridades africanas y latinas. Bailo como en un trance electrónico mezclado con música funk, encantado de ver tanta felicidad, tanto buen rollo...todo encaja...como el verdadero planeta libre por mi siempre soñado. ¿Dónde estará el error? Qué hacemos tan mal en nuestro planeta para no vivir así todos los días?
Vuelvo a levantar la mirada, primer cuarto de luna en una Oporto efervescente con su perfume a río, su gente, su simplicidad y bondad, su comida, su sonrisa y sus colores...verde y rojo...blanco y azul.
Vuelo para Barna, vuelvo para luego volver a despegar. El tiempo para empaparme una una exposición fotográfica maravillosa, acompañado por unas personas y artistas estupendas, gente sensible que ama, personas que están perfectamente alineada para el avance de la humanidad, su mejoría y sabio crecimiento a la búsqueda de un futuro colorido.
Despego, aterrizo...mis ojos vuelven a ser atrapados por el azul del cielo, la entreveo en su claridad, cuarto de luna, y yo entre su blanco paz, luminosidad y espejos cristalinos. Es Creta que se desnuda delante mío en todo su esplendor. Sus aguas, sus playas, sus arenas...otro planeta libre soñado, otro mundo feliz, otra tierra con verdaderas raíces. Ninguna excusa, ninguna trampa...simplemente un paraíso.
Faltaba un cuartito a media luna mientras leía las bucólicas de Virgilio que hacía cantar los pastores de sus alegrías y penas..al fin siempre gana su celebre verso: omia vincit amor.
Mis ojos escrupulosos la vislumbraban brillante y pensativa. Divina como los mismos dioses romanos. Bajo pinos verdes y chicharras cantarinas.
Bañándome en la mar fresca y sabrosa la cabeza vuelve a relajarse hacia atrás para refrescar mi pelo y la vuelvo a ver, ahí está, impecable en su esplendor...media luna blanca. En el otro lado del cielo celeste una bola amarilla hervía ferviente. Ahí estaban ambas repartiéndose en el espacio infinito. El tiempo parece acabarse pero es como la más simple ilusión...nunca acaba nada y todo sigue lentamente en contemplación.
Un momento de profunda conexión con ellxs, introspectivo y meditativo, se creó mientras construía una torre de piedras en la orilla, con sus desniveles e irregularidades como la vida misma buscando nuestro equilibrio interior.
Pasan veinticuatro horas y en un atardecer precioso de un día de julio despejado la vuelvo a ver, media luna y pico. Día de despedida aunque solo momentánea, quizás...o no, nadie sabe. Pero me quiero despedir de ti porque aquí me has acompañado día tras día como una fiel compañera de viaje y me has enamorado aún más de ti. Y mañana te vuelvo a ver en otro país con nuevas historias, otras paginas blancas que contar.
También tuve una despedida maravillosa con tu hermana el Sol que me ha regalado un último atardecer espectacular antes de dejaros en esta tierra, su rojo fuego se caía tras una montaña al oeste de Heraklion que a su vez se caía en el mar, una sensación explosiva me removía por dentro...entendí lo que era y te lancé una sonrisa, gracias del mensaje, haré tesoro de ello.
Parece ser que en las islas mediterráneas os vais persiguiendo una tras otra como en un baile tántrico que solo vosotras conocéis. Luna, Sol, Mar: el trio perfecto en este ritual veraniego.
En un rato vuelvo a despegar, salgo de tu cuerpo seco y árido, embaucado, sin saber que decir, extremadamente emocionado y agradecido, geometrías sensibles de mi corazón te besan.
Te llevaré siempre ahí, en aquel rinconcito escondido donde nadie podrá descubrir ni saber.
Tus aguas benditas de sal marina me han regenerado, introspección del viaje en solitario, han hecho que volviera a sentir cosiendo estos versos, despierto han hecho que volviera a escribir o quizás con los ojos cerrado me han hecho simplemente volver a estar conectado.
Creta, 8 de julio 2022🌜


