Volví a ver a Jair en su casita, como si fuera el mismo lugar en la naturaleza. Olores, sabores que se mezclan en este bocadillo de montaña y arena. Ojos castaños reflejan ternura, una riqueza inagotable. Ojos escondidos de mujeres sensuales dentro una piel de oro. Quiero ir al desierto y tomar el sol. Quiero tirarme en la arena como si fuera mar…mirar el arena como si estuviera a la playa. Imágenes pintorescas de cebos y espinas de pescado que llaman gatos junto a la ciudad del comercio por antonomasia. Aquí hay vida, se esconde lo que se ve. Vuelvo a jugar al futbolín como hacía en mi pueblo italiano.
Volver a poner la economía en circulación, así como la vida, la alegría de la vida misma.. Volver a oír que sabemos querer escuchar. Después de tener vértigos bajo en un valle en el medio de una tierra llena de minerales que regalan contrastes futuristas.
Vine como turista, vuelvo mercante. Quise desaparecer con los ojos empapados de arena, en una tierra explanada donde los vórtices dan vueltas como jugando a escondite.
Si vienes aquí hay que comunicarse todo el rato con la gente, a ellos le encanta que tu puedas baratear con tus cositas. Allí no puede ser que no te guste hablar, te aviso.
Aquí todo es variable, promedio de 1/100, así dice mi maestro mercante. Todo contratable, todo posible…Puede ser muy cerca. Puede ser solo en Marruecos.
Ouarzazate
26/04/2013
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