Tenerife 15/04/2016
viernes, 6 de mayo de 2016
Lanzarote/Tenerife abril_2016
Irse lejos, viajar como una tortuga y llevarse encima un caparazón pesado de tejido químico con su inconveniente de poderse mojar. Lo tengo más claro que el cielo en todo su resplandor: tengo envidia a las verdaderas tortugas. Esa lentitud, esa paciencia y sabiduría, no hay quien la alcance, ni los lamas en sus templos. Quizás son los que más se pueden acercar pero antes o después se padece siempre de una miga de lujuria. Estamos facilitados y enredados de artificios que nos ha regalado nuestro genio e intelecto: lo que nos diferencia de lo que es la madre natura. Lo buscamos, lo rebuscamos, nos arrimamos como se pueda, llagamos a verlo, vivirlo, tocarlo, nunca a serlo. A pesar de esto puedo decir que por lo menos alguien, quien lo intenta, actúa bien. Ese esfuerzo vano es un acto heroico en una sociedad manipulada donde hay solamente zombie que se mueven como títeres, si llegamos a manipularnos a nosotros mismo y no nos damos cuenta. Se crea un mundo de medio, creamos un hueco entre lo natural y lo artificial, somos la conexión entre esos mundos opuestos que nunca se han conocido. Transmitimos emociones, informaciones y sentimientos. Hacemos lo que podemos bajo el sol del mediodía en el medio de la nada, sin nada. Buscando agua de beber y agua para echarse a la cara y limpiar dos trastos, esquinas donde tirarse para descansar, vistas para darnos un pinchazo al corazón, infusiones para relajarse y relaciones para llorarlas. Lanzamos un mensaje a los hijos que vendrán. Escavamos en un volcán en búsqueda de fuego y piedra incandescente para que baje en la ciudad, queme las televisiones, golpee la cabeza de todos y hierva todos nuestros corazones.
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