lunes, 28 de septiembre de 2015

Mi ángel

Amanecer, marbolo roja la fumo al sabor de jasmine revolcada en un manantial de cuentos recitados por moscas demoledoras venidas desde el punto mas lejano, el agujero mas negro de la masaría de mis bisabuelos, donde las señoras se caen por inercia en la espiral de fuerza centrifuga que te transporta en el infierno mas cercano a ti.
Hierve la gana de sobrevolar esta exigencia que huele a podrido, se cae el higo de su árbol, se abre y muestra su fruto rojo como las ventosas de tus piernas, sensuales como la uña de tu pié sucio, ensordecedor como cuando pones una pierna encima de otra y enseñas la obra maestral como en un ritual garifuna.
Fría como el hielo del polo-norte te descongelas a temperaturas bajas, bajo la sombra de un cerezo plantado en el 1953 en la tierra campesina de una aldea derrumbada por mi escribir a los pies de una montaña medio quemada por un pirómano viciado por mero placer....
Sentado sobre raíces húmedas noto el perplejo de Flora la vidente, y mientras veo ella romper sus cartas yo rompo una raíz remolino de mi mismo y la llevo al calabozo donde huelo a sexo de tu madre que aquí te parió en solitaria entre el olor a gatos en calor y el señor de al lado gritando por la calle los sabores de sus helados, aquí estabas encerrada en el día de la verdad.
Todo, cada mínima circunstancia, cada movimiento o mirada lo desvelan hasta desnudarte y mientras yo yazco en el mismo sistemático trance donde no consigo superarme, inerme en una noche de super eclipse lunar, sigo mirando la mano pintoresca del querubín que sigue a mi lado y en el exacto momento cuyo me ofrece su pincel...abro los ojos del sueño y vuelvo a desaparecer libre junto a la desilusión de un deseo desesperado y vacío.

30/08/2015

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