Escombros peninsulares
humillados.
Perros deshonrados
fallecidos.
Fanáticos cantores
irremediablemente asesinados.
Sangre divina
inradia una ligera sensación de gloria
inmediatamente percebida.
Orejas santas
espontáneamente
gridan al unísono.
Bocas rien
de espuma humana
de manera impúdicamente ridícula.
Ojos hablantes
besan en sentido global
una tierra arrastrada por el dolor.
Una luz aciegante
aliena cada inútil esfuerzo
y emana un paz pura,
sencillamente natural
radical
y espontánea.
04/10/2014
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