miércoles, 9 de julio de 2014

Desde el mirador de un pueblo del mediterraneo


Recife luminoso, sus conchas esplendidas,
arena blanca y agua cristalina,
gaviotas que vuelan lejos buscando su meta
su libertad,
olor a paz, el color de la inocencia.
Entreveo la entrada a un casco antiguo
donde ojos, gritos, sonrisas
se levantan haciendo barullo,
voces, gestos, palabras y pelos gitanos
levantan polvo,
olor al azar, el color de la felicidad.
Madres, abuelas
tocaron un día la puerta de la desesperación 
lucharon 
para hacerme dejar pasar
con las llaves de la perseverancia...
constancia en el sacrificio,
olor a sangre, el color del amor.
Nubes transparentes 
pasan rozando 
sobre unos paisajes verdes,
bajo en la cala de las rosas 
y huelo a flores, especias, aromas, 
rocas calcificada y mortificadas de tanto esperar,
olor a salitre, el color del mar.
Desde aquí abajo...
desde la orilla
se ven muchos colores, 
muchos olores.
Por la tarde subo al mirador
vuelvo a mirar la orilla
perfecta en su medida de postal
cuando de lo nada
pasa un perro
ladra a una pareja follando escondida en la arena
y se va

10/07/2014

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