Recife luminoso, sus conchas esplendidas,
arena blanca y agua cristalina,
gaviotas que vuelan lejos buscando su meta
su libertad,
olor a paz, el color de la inocencia.
Entreveo la entrada a un casco antiguo
donde ojos, gritos, sonrisas
se levantan haciendo barullo,
voces, gestos, palabras y pelos gitanos
levantan polvo,
olor al azar, el color de la felicidad.
Madres, abuelas
tocaron un día la puerta de la desesperación
y lucharon
para hacerme dejar pasar
con las llaves de la perseverancia...
constancia en el sacrificio,
olor a sangre, el color del amor.
Nubes transparentes
pasan rozando
sobre unos paisajes verdes,
bajo en la cala de las rosas
y huelo a flores, especias, aromas,
rocas calcificada y mortificadas de tanto esperar,
olor a salitre, el color del mar.
Desde aquí abajo...
desde la orilla
se ven muchos colores,
muchos olores.
Por la tarde subo al mirador
vuelvo a mirar la orilla
perfecta en su medida de postal
cuando de lo nada
pasa un perro
ladra a una pareja follando escondida en la arena
y se va
10/07/2014
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