Partiendo el tiempo
entendí que podía permanecer
siglos partida.
Podría extrañar las noches de luna
y nunca más volver a comer melocotones en verano.
Acepté que mi sentencia
era la independencia
que llevaba años celebrando.
Mis heridas se volvieron tan duras
que ya no lograba sacar las uñas
para desgarrarme.
Quejidos infantiles
me volvieron estúpida de inocencia.
Destruí mi gloria,
me alcé por encima de mi cabeza
y al verme rendida entendí...
Entendí que ya nunca
podría entender nada.
Me pondría la corona de espina
que llevan las mujeres
que aman a un hombre casado con el viento.
Quise cerrar los ojos
y embriagarme de los claros de la noche.
Callé mi voz
y el silencio se convirtió en una revelación.
Si dejaba que fluyese la corriente
volvería la vida
al punto en el que había nacido....
...el océano de mi ombligo.
Iria
19/03/2014
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